Beneficios de ir a la playa para el cerebro y la salud mental

Pasar tiempo junto al mar puede ser mucho más que una forma agradable de desconectarse de la rutina. La ciencia lleva años investigando los beneficios de ir a la playa y la relación entre los llamados espacios azules, el cerebro y nuestro bienestar.

Distintas investigaciones han estudiado cómo los entornos costeros se relacionan con la actividad física, el descanso, el estrés e incluso la percepción del dolor. También existen estudios que analizan sus posibles efectos sobre nuestras relaciones sociales y nuestra conexión con la naturaleza.

Entonces, ¿qué ocurre cuando pasamos tiempo junto al mar? A continuación, revisamos qué dice la ciencia sobre los beneficios de la playa para la salud mental y física.

Beneficios de ir a la playa para la actividad física

Justo cuando tu mente comienza a relajarse en la playa, tu cuerpo puede empezar a moverse. Dar un largo paseo, nadar o jugar a la pelota son algunas de las actividades que puedes realizar junto al mar.

Las investigaciones sugieren que los paisajes costeros pueden fomentar el ejercicio y los numerosos beneficios para la salud que este conlleva.

Aunque las personas parecen realizar actividades físicas más intensas en los espacios verdes, existe una diferencia interesante con los llamados espacios azules.

Un estudio de 2020, publicado en la revista Environmental Research, descubrió que las personas tienden a hacer ejercicio durante más tiempo cuando están cerca del agua.

Una posible explicación es que la percepción del tiempo podría cambiar al encontrarnos en estos entornos. Esto podría favorecer períodos más prolongados de actividad física.

La playa también puede favorecer un mejor descanso

Esta actividad física prolongada puede combinarse con los efectos relajantes asociados a los entornos costeros. En conjunto, ambos factores podrían contribuir a mejorar el descanso y la calidad del sueño.

Un análisis de 2024 examinó datos de 18.838 adultos pertenecientes a 18 países.

Los resultados mostraron una asociación entre visitar con mayor frecuencia espacios azules y verdes y una menor probabilidad de dormir insuficientemente.

En este estudio se consideró sueño insuficiente dormir menos de seis horas al día.

Esto no significa que visitar la playa garantice dormir mejor. Sin embargo, muestra una interesante asociación entre el contacto frecuente con entornos naturales y determinados indicadores relacionados con el descanso.

¿Cuáles son los beneficios de la playa para la salud mental?

Una de las razones por las que los científicos estudian los espacios azules es su posible relación con el bienestar psicológico.

Estar junto al mar combina diferentes estímulos. El sonido de las olas, el paisaje abierto, el contacto con la naturaleza y la posibilidad de alejarnos temporalmente de nuestras obligaciones pueden contribuir a crear una experiencia relajante.

También debemos considerar otro factor: las actividades que realizamos cuando estamos en la playa.

Caminar, nadar, conversar con otras personas o simplemente descansar pueden influir positivamente en cómo nos sentimos. Por eso, separar el efecto específico del paisaje de todos estos factores resulta complejo.

Los investigadores continúan estudiando esta relación para comprender mejor hasta qué punto los espacios azules pueden contribuir al bienestar.

¿Ir a la playa ayuda frente al dolor?

Desde hace mucho tiempo, las personas recurren a la terapia marina para hacer frente al dolor y al estrés. Sin embargo, determinar científicamente la causa de estos beneficios no es sencillo.

Una de las grandes preguntas es si el efecto se debe realmente a encontrarse en la costa.

También podría estar relacionado con algo mucho más simple: alejarse temporalmente de las responsabilidades y del estrés de la vida cotidiana.

Por este motivo, es difícil demostrar científicamente que el paisaje por sí mismo disminuya el dolor.

¿Por qué es tan difícil estudiar los efectos de la naturaleza?

Los ensayos controlados doble ciego son considerados uno de los estándares más rigurosos de la investigación científica. En ellos, los participantes son asignados aleatoriamente a un tratamiento o a un grupo de control.

Sin embargo, este tipo de experimento resulta prácticamente imposible de realizar en un entorno natural.

“No se puede ocultar la condición a alguien: sabrá si está mirando el mar o no”, señala White.

Por esta razón, algunos investigadores han comenzado a utilizar realidad virtual para estudiar de forma más controlada el efecto de la naturaleza sobre el dolor.

Realidad virtual para estudiar el efecto de la costa

Un interesante ejemplo fue un ensayo controlado aleatorio realizado en 2017 en una consulta dental.

Los investigadores querían saber si las cualidades de la costa relacionadas con la reducción del estrés podían ayudar a pacientes con ansiedad durante un procedimiento dental.

Llevar físicamente a los pacientes hasta una playa era imposible. La realidad virtual, sin embargo, permitía recrear parte de esa experiencia.

“Nuestra idea era que, si contábamos con una realidad virtual potente, podríamos interferir en las imágenes mentales de las personas y ayudarlas a afrontar mejor [la visita al dentista]”, explica Sabine Pahl.

La psicóloga social e investigadora del espacio azul participó en la autoría del estudio.

Durante el tratamiento dental, los pacientes utilizaron gafas de realidad virtual que simulaban un paseo al aire libre. Algunos recorrían virtualmente la costa, mientras que otros observaban una ciudad limpia y agradable.

El grupo que experimentó el entorno costero mediante realidad virtual reportó niveles de dolor significativamente menores durante el tratamiento.

La comparación se realizó con los participantes que recorrieron virtualmente la ciudad y con el grupo de control.

¿Qué ocurre en el cerebro cuando observamos la naturaleza?

Los avances tecnológicos permiten estudiar con mayor precisión cómo los entornos naturales pueden influir en nuestra percepción del dolor.

Una investigación publicada en Nature Communications en marzo de 2025 aportó nuevos datos sobre este fenómeno.

En el experimento participaron 49 personas sanas. Los científicos les mostraron representaciones virtuales detalladas de tres escenarios: un paisaje natural con un lago, un paisaje urbano y un entorno interior.

Mientras observaban estas escenas, los participantes recibían estímulos eléctricos.

Las imágenes obtenidas mediante resonancia magnética funcional (fMRI) mostraron resultados interesantes.

Observar la escena natural se asoció con una menor percepción subjetiva del dolor.

También se observaron cambios en la actividad de regiones cerebrales relacionadas con la percepción del dolor.

Estos resultados ofrecen una posible explicación neurológica para observaciones realizadas en investigaciones anteriores.

Además de favorecer emociones positivas, los paisajes naturales podrían influir en nuestra capacidad para afrontar el dolor.

Este tipo de hallazgos ayuda a comprender por qué los posibles beneficios de ir a la playa y de visitar otros entornos naturales generan cada vez más interés científico.

Los beneficios sociales de ir a la playa

Los posibles beneficios de la costa no se limitan a nuestra experiencia individual.

Desde días de playa en familia hasta picnics frente al mar con amigos, muchas personas prefieren visitar la costa acompañadas.

Esto plantea otra pregunta interesante: ¿pueden los espacios azules ayudarnos a fortalecer nuestros vínculos sociales?

Para investigarlo, Pahl, White y otros investigadores pidieron a padres con niños pequeños que describieran sus visitas recientes a la costa.

Sus experiencias fueron publicadas en un artículo científico de 2013.

Los relatos mostraron que pasar tiempo juntos en la playa ayudaba a las familias participantes a sentirse más unidas socialmente.

“Este sigue siendo uno de mis artículos favoritos”, dice Pahl. “Describe de manera contundente lo que les sucede a las familias [en la playa]. Es diferente cuando los sacas de casa y les das espacio y oportunidad para correr juntos”.

Otros estudios han encontrado que los espacios azules también podrían contribuir a generar cohesión social entre personas que no tienen una relación previa.

La nostalgia también podría desempeñar un papel

Los investigadores todavía no saben con certeza qué impulsa estos vínculos sociales en la playa.

Una posible explicación podría estar relacionada con los recuerdos asociados al paisaje.

Muchas personas crecieron construyendo castillos de arena, jugando junto al mar o explorando las aguas poco profundas.

Regresar a la playa durante la adultez puede despertar una sensación de nostalgia. También puede favorecer una actitud más lúdica y receptiva, similar a la experimentada durante la infancia.

De esta forma, visitar la costa puede convertirse en algo más que una actividad recreativa.

También puede ofrecer un espacio propicio para compartir experiencias y fortalecer relaciones.

Los beneficios de ir a la playa pueden acumularse con el tiempo

Pasar un día en la playa no solucionará por sí solo todos nuestros problemas.

Sin embargo, White señala que sus pequeños efectos positivos podrían acumularse con el paso del tiempo.

Esta idea ha abierto nuevas líneas de investigación sobre la relación entre los espacios naturales, nuestro bienestar y determinados comportamientos.

El contacto con la playa durante la infancia

Algunos investigadores estudian actualmente cómo visitar la playa durante la infancia puede influir en nuestra conexión con la naturaleza durante la adultez.

Una mayor conexión con el entorno natural se ha asociado con comportamientos más respetuosos con el medio ambiente.

Entre ellos se encuentran el reciclaje, la conservación de energía y otras prácticas de cuidado ambiental.

Las experiencias positivas en espacios naturales durante los primeros años de vida podrían tener consecuencias que van más allá del bienestar inmediato.

Espacios azules, naturaleza y resiliencia

White y Pahl también participan en un proyecto de cuatro años dedicado a estudiar este fenómeno.

La investigación analiza cómo los espacios verdes y azules podrían ayudarnos a prepararnos para afrontar situaciones estresantes y recuperarnos de ellas.

La hipótesis es especialmente interesante.

Las experiencias repetidas en estos entornos podrían contribuir a crear pequeñas “capas” de resiliencia que se fortalecen con cada visita.

Todavía se trata de una línea de investigación en desarrollo. Sin embargo, sus resultados podrían tener aplicaciones importantes para la salud pública y la planificación de las ciudades.

¿Por qué los espacios azules pueden hacernos sentir bien?

Los estudios mencionados muestran algo importante: probablemente no exista una única explicación.

Cuando vamos a la playa ocurren varias cosas simultáneamente.

Podemos alejarnos de ciertas fuentes cotidianas de estrés, realizar actividad física, pasar tiempo al aire libre y relacionarnos con otras personas.

También estamos expuestos a un paisaje natural dominado por el agua.

Todos estos factores pueden interactuar. Por eso resulta difícil atribuir los efectos observados exclusivamente al mar.

Precisamente por esta razón, los investigadores utilizan herramientas como la realidad virtual y las imágenes cerebrales. Estas tecnologías permiten aislar algunas variables y estudiar con mayor precisión nuestra respuesta ante los entornos naturales.

Cuidar los espacios naturales también importa

Comprender mejor los beneficios de ir a la playa puede aportar argumentos adicionales para proteger playas, costas y otros espacios naturales.

A medida que la evidencia científica se vuelve más sólida, estos conocimientos pueden incorporarse a decisiones relacionadas con planificación urbana, conservación y acceso público a la naturaleza.

Existe, además, una relación de reciprocidad.

“Si tenemos un lugar que nos hace sentir bien, entonces sin duda es nuestro deber asegurarnos de que también se sienta bien”, afirma Kelly.

Entonces, ¿ir a la playa es bueno para el cerebro y la salud mental?

La evidencia disponible sugiere asociaciones interesantes entre el contacto con espacios naturales y diferentes aspectos de nuestro bienestar.

Los estudios han observado relaciones con la actividad física, el descanso, las interacciones sociales y nuestra respuesta frente al dolor.

Sin embargo, esto no significa que ir a la playa sea un tratamiento para problemas de salud mental o física. Tampoco todos los beneficios observados pueden atribuirse exclusivamente al mar.

La investigación continúa intentando separar el efecto del paisaje de otros factores. Entre ellos están el ejercicio, la relajación, la socialización y la posibilidad de desconectarnos temporalmente de nuestras obligaciones.

Aun así, la evidencia ayuda a comprender mejor los posibles beneficios de ir a la playa y de mantener contacto frecuente con la naturaleza.

Una caminata junto al mar, nadar, compartir una tarde con amigos o simplemente contemplar el paisaje pueden formar parte de una vida más activa y conectada con nuestro entorno.

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Fuente: https://www.nationalgeographicla.com

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